Un año más el E3 llegó, y un año más el E3 pasó. Esta Electronic Entertainment Expo se considera una de las citas claves para los aficionados a los videojuegos. El motivo: varias de las más importantes compañías de la industria aprovechan para presentar sus novedades. Y acudir a esta feria en Los Ángeles sería como un sueño para muchos de los que estamos en este mundillo. Poder verlo todo de primera mano y probar esos juegos del futuro antes que nadie resulta tremendamente tentador.

Por suerte, aunque no podamos desplazarnos hasta allí, hoy en día cualquiera puede seguir las conferencias vía internet. Maravillarse con los lanzamientos al mismo tiempo que aquellos pocos afortunados que los están descubriendo sentados frente a los escenarios. Verlo no es lo mismo que vivirlo, obviamente, pero podemos llegar a compartir un poco la magia que allí se produce. Y gracias a ello me he dado cuenta de que hay mucho más detrás de la experiencia.

Realmente, de haberme preguntado hace unos días, os contestaría que no estaba especialmente emocionado ante este E3. Este fue el año de las filtraciones, y ya llevábamos una idea previa bastante aproximada de lo que sería cada conferencia. No deja de ser un evento de marketing, un escaparate que te pone los dientes largos y quiere venderte cosas. Mi dinero y mi tiempo son cada vez más limitados. En cambio, mi lista de juegos a medio acabar o que no he empezado no deja de crecer.

La importancia de la comunidad

Todd Howard diciendo fuck nazis

Todd Howard lo dejó claro en el E3: fuck nazis

Estas y otras cien excusas similares os habría puesto hace un par de semanas. Pero claro, se va acercando la fecha y la expectación va creciendo. Al fin y al cabo, mucha de la gente con la que hablo diariamente pertenece a comunidades de jugadores. Surgen las porras, las teorías locas, y antes de darte cuenta estás de lleno en el pozo del E3.

Y es que resulta que, hasta ahora, no había vivido un evento relacionado con videojuegos en comunidad. Supongo que en eso soy un poco extraño. Me imagino que hoy es normal quedar en un bar gamer para ver un partido de LoL. O seguir un torneo de Fortnite en Twitch comentandolo con los colegas por Discord, aunque cada uno esté en su casa.

En mi caso, apenas tuve dos o tres amigos de los de siempre que realmente eran apasionados de los videojuegos. Eran gente más de fútbol, o de música, o de otras aficiones, lo cual está muy bien. Pero yo siempre he sido 100% de videojuegos, por encima de otras cosas. Y en cierto modo, he sentido que no tenía apenas a nadie con quién compartir mi amor por los juegos.

Jugadoras de esports celebrando una victoria

Por eso, con este historial, entenderéis mi sensación de maravilla al encontrar por fin comunidades acogedoras. A gente de mi quinta, o un poco mayor, o bastante más joven, pero tan apasionada como yo o más. Gente con la que hablar del tema en cualquier momento, debatir siempre desde el respeto y aprender unos de otros. Seguir las conferencias con un grupo así, aportando opiniones y perspectivas, le ha dado a este evento una nueva dimensión. Y lo he disfrutado como un niño pequeño.

El lado oscuro de los videojuegos

Pero la cosa no acaba aquí, porque por desgracia sabemos que no todo es buen rollo dentro del mundo gamer. Existe también mucha gente tóxica, que se sirve del anonimato online para tratar de arruinarle la diversión a los demás. Hay quien a través de los videojuegos trata de promover discursos de odio: discriminación de minorías, xenofobia, racismo, homofobia, etcétera. Los nazis y la alt-right también tienen ordenadores y consolas, y querrán que sus juegos encajen con sus credos sectarios.

Sin llegar a ese extremo, tenemos también sectores que sistemáticamente rechazan a las mujeres. No sólo como protagonistas o personajes fuertes y bien representados, sino también incluso como jugadoras. Y por supuesto los bandos consoleros: quienes escogen un sistema por bandera y defienden a muerte que es el mejor. Cualquier crítica a su plataforma es un ataque, pero no dudan en intentar hundir a todas las demás.

Youtuber con discapacidad Moyorz juega Fortnite

El youtuber @Moyorz87 enseña a jugar Fortnite con un mensaje frente a la discapacidad: si yo puedo, tu puedes

En ocasiones los roces en la comunidad se producen de forma pueril y estúpida. A fin de cuentas, muchas veces los niños son el público objetivo de los juegos y se comportan como tal. Pero otras veces se llevan a cabo maniobras salvajes de acoso y derribo, destinadas a quebrar a personas o empresas. Varias de esas campañas organizadas de insultos, amenazas y vejaciones han llegado incluso a cruzar la línea de lo delictivo.

Sin embargo hay esperanza

Con todas estas lacras a cuestas, está claro que la comunidad gamer tiene muchos puntos en los que mejorar. Y a pesar de ello, como os decía antes, he encontrado y sigo encontrando a personas maravillosas en este mundillo. De hecho, estoy convencido de que tenemos a más gente buena que mala. Lo que ocurre es que, lamentablemente, los malos suelen hacer ruido de forma más consistente y efectiva.

Al final, el colectivo jugón no deja de ser un reflejo de la sociedad. Y como en otros ámbitos, si dejas a ciertos indeseables campar a sus anchas durante mucho tiempo, acabarás teniendo problemas. Demasiados años hemos padecido un determinado arquetipo de jugador. La imagen de un hombre blanco, muy macho, amante de la adrenalina y las emociones fuertes. También, por desgracia, con la empatía de una piedra, y a veces con las neuronas justitas para pasar el día.

Girls make games talleres de programación para niñas

Desde Girls make games organizan talleres para formar a las niñas en actividades como la programación

Ojo, no digo que esté mal que encuentres diversión en pegar tiros y hacer explotar cosas virtuales. Pero el videojuego como medio se ha dado cuenta de que no sólo hay un tipo de público. La vieja dicotomía del modelo gamer, donde solo podías ser o dudebro o nerd de sótano, resulta cada vez más rancia. Y que nuestra afición se vuelva universal es bueno. Incluir todo tipo de perspectivas y sensibilidades hace avanzar la narrativa, la capacidad de emocionar, la inmersión en la experiencia. Hasta ayuda a que mejore el arte y el diseño de niveles y mecánicas.

Entonces, ¿cuál es el poder de los videojuegos?

Para mí, es el poder de cambiar el mundo. No de forma directa, claro, pero si de una manera sutil. Influyendo en la sociedad a través de las vivencias y la mentalidad de los jugadores. Porque los juegos te pueden poner en la piel de otras personas, en situaciones completamente diferentes a las tuyas. Quizás al ver el mundo con los ojos de una persona transexual puedas comprender lo que es sufrir transfobia. A ver qué tal llevas enfrentarte a hordas de enemigos y además a las alucinaciones de tu propia mente psicótica. Asume el papel del gobernante intentando evitar guerras y hambrunas: de tus decisiones depende la vida o muerte del pueblo.

Games Done Quick y Videojuegos x Alimentos, dos asociaciones benéficas

Games Done Quick y Videojuegos x Alimentos, dos ejemplos de asociaciones benéficas relacionadas con los juegos

Es importante que la propia industria esté asumiendo no sólo ese poder, sino también la responsabilidad de encauzarlo bien. Hay cientos de organizaciones, con muchas personas detrás, que llevan tiempo luchando por sacar de su nicho al entretenimiento electrónico. Para lograr que absolutamente cualquiera tenga ocasión de disfrutar con ello, sea jugando o diseñando y programando su propio videojuego. Compartir sueños, vivencias, sentimientos, de una forma que ningún otro medio puede igualar. Que no haya barreras ni prejuicios en el mundo virtual, para que poco a poco desaparezcan también del mundo real. Es totalmente delirante que hoy por hoy haya gente que esté en contra de esto.

Pero por fin también las grandes desarrolladoras están empezando a dejar claras sus posiciones frente a estos grupos de odio. A mojarse y decir que prefieren incluso perder el dinero de esos jugadores que son manzanas podridas para la comunidad. A pronunciar altas, claras e inequívocas las palabras fuck nazis. O a mostrar un beso queer enorme, precioso, símbolo de pura libertad, con una carga emocional arrolladora, para rabia de muchos.

Cada vez somos más gamers: seamos además mejores

Obviamente, va a seguir existiendo gente de todo tipo en la sociedad, y por ende también dentro del mundillo. El lado oscuro de los juegos seguirá ahí, y no va a desaparecer fácilmente. Pero a lo largo del artículo, ya habréis visto varias fotos ilustrando lo que os cuento sobre el lado bueno. No sólo de estas declaraciones y posturas de las empresas frente a la intolerancia, también de los eventos y colectivos. De quienes trabajan por hacer de los videojuegos algo más que un pasatiempo.

Este matrimonio de devs organiza jams indies

Adriel Wallick y Rami Ismail. Este matrimonio de gamedevs organiza jams y apoya a programadores indies de zonas en desarrollo

No me he inventado nada acerca de esto. Os animo a comprobarlo, a buscar a estas organizaciones y personas e informaros sobre su labor. Son solo unos pocos ejemplos, hay muchísimos más que me he dejado en el tintero. Investigad un poquito, y veréis que hay gestos nobles y buena voluntad por doquier. Y otras tantas formas de ayudar a enriquecernos como personas a través de los juegos.

Nadie pretende que cada nueva aventura que salga al mercado sea una lección sobre la excelencia de la ética. Ni que de pronto tu consola borre todos los títulos que no cumplan con los más elevados valores morales. Pero tampoco es nada malo intentar inculcar de vez en cuando un poquito de respeto, amor al prójimo, o solidaridad. Nunca seremos perfectos ni seres de luz, pero poniendo un poco de nuestra parte podemos hacer un mundo mejor. Y al menos, que no se nos pueda reprochar que eso no lo hemos intentado.

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Redactor

Dándole a los videojuegos desde que venían en casetes. Mi mascota se llama Zelda y podría salvar Hyrule sin Link. Padre de un frikillo de segunda generación.

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