Loading...

En la primera escena de Detroit: Become Human, Connor sube por el ascensor de un edificio jugueteando con una moneda. La lanza de una mano a otra, la captura con los dedos, la hace bailar con la parte superior de las falanges… Connor sube por el ascensor de un edificio porque en la azotea se encuentra un divergente (un androide que ha experimentado un shock emocional y que, como consecuencia, emula las emociones humanas) que amenaza con lanzarse al vacío mientras amarra a una niña. Uno de los policías que yace muerto en el suelo se llama Antony Deckart; es curioso ver cómo Blade Runner, un largometraje del año 1982, puede llegar a influir tanto en obras culturales actuales, y cómo su temática sigue desgranándose en los tiempos modernos: lo que parecía un futuro próximo hace 36 años sigue siendo un futuro próximo en la actualidad.

Las caras, la vida

En la primera escena de Detroit: Become Human, Connor sube por el ascensor de un edificio jugueteando con una moneda; justo en ese momento ya se puede adivinar la naturaleza del androide. Frío, calculador, resolutivo: la herramienta definitiva para cazar divergentes de CyberLife. Es uno de los tres protagonistas que conforman la ¿distopía? de David Cage y, probablemente, el más acertado de los tres. Quantic Dream proyecta en Connor las actitudes más o menos tecnófobas de los jugadores. ¿Puedes empatizar con una máquina? ¿Serías capaz de disparar a la cabeza a un androide por un puñado de información? Es uno de los tres personajes, pero este es realmente interesante: el que más dudas e inseguridad genera a los usuarios de detrás de la pantalla a través de las decisiones.

Kara puede ser la historia más ramplona del título. El androide doméstico goza de la trama más humana (¿humana?): su periplo con Alice tras escapar de las garras de un padre drogadicto y abusador es el menos digestivo, el más entristecedor, pero a su vez, el más sobado. Un déjà vu: la decisión de Kara de escapar de las zarpas opresivas bien recuerda a la de Jodie en Beyond: Dos Almas, la anterior entrega de David Cage a esta. Es una historia muy emotiva y bella, con un agujero de guion remarcable hacia el final de su trayecto y un personaje (Alice) muy poco explotado y aprovechado, pero la humanidad y la emoción que desprende casi podría tapar el resto de carencias. El androide femenino es una de las caras de la moneda que maneja Connor; de ser, de hecho, sería la propia cara, el rostro humano del objeto.

Markus bien puede ser la cruz y la contraparte más clara de los otros personajes. Es un personaje muy bien dibujado: siempre servicial y a disposición de los humanos, un día ve cómo es castigado injustamente y condenado al ostracismo en un vertedero tecnológico. Su reconstrucción física (acaba totalmente vejado y mutilado) se ve acompañada de una evolución psicológica: los humanos esclavizan a los androides, cohibiéndoles de su plena libertad y violando unos derechos que no tienen pero que ansían como agua de mayo.

Me gusta especialmente cómo David Cage ha dibujado a los tres personajes (hay más de 500 en total), y cómo los tres buscan apelar a emociones y sensaciones radicalmente diferentes. Los dos últimos, sobre todo, son las caras de la moneda; la una porque no duda en anteponer su vida para salvar a una humana, vive por y para ella y busca huir hacia una zona segura para el desarrollo de la cría; el otro porque no vacila a la hora de liberar a los androides, ejerciendo como artífice de una revolución que tendrá consecuencias, pero necesaria para buscar la igualdad. Connor está en tierra de nadie: debate entre cumplimentar el objetivo para el que fue concebido o valorar a los androides como una forma de vida válida, experimentando él mismo dudas sobre a quién apoyar, si a los buenos o a los malos, según cómo se mire.

Imagen interna del análisis de Detroit: Become Human

El quick time event es el mejor amigo de Quantic Dream

David Cage sigue siendo David Cage y no quiere mearse fuera del tiesto. La jugabilidad clásica del francés, aquella que se apoya en el quick time event y en el panel de botones para seleccionar, sigue siendo indiscutible para Quantic Dream. Aquí la cosa se suaviza un poco: Detroit: Become Human se apoya bastante en la cinemática convencional, bastante más numerosas que en iteraciones previas. Las secuencias de minijuegos siguen el patrón más antiguo, el de Heavy Rain o Fahrenheit, apoyadas en flechas, botones o movimientos de mando, descartando la tediosidad y confusión que generaba Beyond: Dos Almas.

Por suerte, David Cage parece haber aprendido de los errores, y aquí las decisiones sí toman un cariz especial. Hay matices, no obstante: no quiero spoilear, pero hay situaciones algo confusas y extrañas cuya justificación no me ha acabado de gustar. Sin embargo, sí que es cierto que cada decisión tiene su peso en la historia: una línea de diálogo que se sale de lo común, una exploración más a fondo por el escenario hasta encontrar algo relevante o, simplemente, una elección determinada, puede cambiar el transcurso y el devenir de los hechos, aunque a grandes rasgos las motivaciones de cada personaje sean las mismas.

El tiempo que he estado frente a la pantalla ha sido muy útil para mí. Detroit: Become Human es un videojuego que bucea en los confines de tres androides que no parecen encontrar su sitio en la sociedad, justo como sucede con numerosos grupúsculos sociales en el día a día. Bien es sabido que la sociedad, por muy poco que nos guste, está dividida en clases sociales, y aún dentro de estas existen situaciones de segregación y discriminación por sexo, raza o ideología. David Cage explora muchos conceptos (la pérdida, la identidad, el abuso etc.), pero donde más acierta es en el conflicto social. Su proyección no tiene por qué ser la correcta, pero sí sabe situar al jugador al frente de situaciones desagradables, obligándole a decidir e integrándole, directamente, en el universo de la obra. ¿Eres capaz de arrebatar la vida a una forma de vida artificial con más corazón que un humano? ¿Te atreverías a rebelarte contra tus propios creadores, aún pudiéndoles quitar la vida? ¿Podrías sacrificar gente a tu alrededor para obtener tu bien común?

Otra imagen interna del análisis de Detroit: Become Human

Una última reflexión

Cada vez que enciendes el juego, un androide de CyberLife espera paciente tu entrada para saludarte y darte una serie de indicaciones. En alguna ocasión puntual te hace una encuesta para valorar tu nivel de seguridad frente a la tecnología. Una vez se completa el juego, es recomendable darse una segunda vuelta, pero no será lo mismo: tras el epílogo del primer viaje, el androide te pedirá si puede marcharse o no, ya que has cumplido la experiencia. Ya fuera del juego Cage sigue apelándonos, aunque sea por última vez: ¿dejarás al androide libre o le obligarás a que siga esperándote obedientemente? Bien jugado, Cage. Bien jugado.

A veces incluimos enlaces a tiendas en línea. Si hace clic en uno de los enlaces y realiza una compra, podemos recibir una pequeña comisión. Esto nos ayuda a poder seguir adelante con la web.


Redactor

Cuando nací lloraba tanto que mi madre me dio una GameBoy para que me callara de una vez. Desde entonces sigo sin soltarla.