Brooklyn Nine-Nine: Hacer comedia políticamente correcta es posible

Siempre se ha dicho que el humor debe ser subversivo e ir en contra del sistema. Dentro de los defensores de esta idea podemos encontrar también a los que argumentan que cualquier crítica al mismo o intento de imponerle límites es un acto de censura. Por tanto,  la corrección política —es decir, el esfuerzo de no ofender a grupos minoritarios y desfavorecidos— sería una forma de coartar el humor.  Y es verdad que el humor, como forma de entender la realidad, debe ser capaz de tocar todos los temas para arrojar una nueva luz sobre ellos. También es cierto que es una herramienta eficaz para cuestionar el orden establecido.

Sin embargo, es curioso que los detractores de la corrección política consideren subversivo utilizar el humor para mantener las mismas ideas reaccionarias de siempre y ridiculizar a grupos que llevan siglos ridiculizados. ¿Qué tiene de revolucionario reírse de las mujeres, si siempre se ha tratado su existencia como una broma? ¿Qué hay de innovador en un chiste racista? ¿A qué parte del poder institucional estás criticando cuando te burlas de los gestos de una persona LGTB? Podríamos decir que los abanderados del humor políticamente incorrecto no están preocupados por ser incisivos de verdad: Tan sólo buscan una excusa para conseguir una risa fácil. Todo esto mientras se declaran valientes y rechazan la idea de que se pueda hacer humor desde la corrección política.

Afortunadamente, Brooklyn Nine-Nine llegó a nuestras pantallas para refutar todas esas ideas y dejar claro que la verdadera valentía está en atreverse a hacer comedia dando voz a los que menos la tienen.

Pero, ¿de qué va?

Si a pesar de haber hecho clic en este artículo no sabes qué es Brooklyn Nine-Nine, te ponemos en situación en un segundo: Se trata de una sitcom que sigue el día a día de una comisaría de Nueva York. Sus personajes principales son los detectives Jake Peralta (Andy Samberg) y su rival Amy Santiago (Melissa Fumero). Completan el reparto los también detectives Charles Boyle (Joe Lo Truglio) y Rosa Díaz (Stephanie Beatriz), sus superiores, el sargento Terry Jeffords (Terry Crews) y el capitán Raymond Holt (Andre Braugher); la secretaria de éste, Gina Linetti (Chelsea Peretti). Y aunque con menos peso, también está por ahí el dúo veterano de la oficina, Hitchcock (Dirk Blocker) y Scully (Joel McKinnon Miller).

Diversidad por bandera

Únicamente con sus personajes, la serie ya empieza apostando fuerte por la diversidad, puesto que, de nueve personajes, cuatro son personas de color: Amy, Rosa, Terry y el capitán Holt. Normalmente los esfuerzos de las ficciones actuales por ser plurales se ven reducidos a un único personaje racializado o, en ocasiones, varios, pero de distintos orígenes étnicos. Póngase como ejemplo The Big Bang Theory, con Rajesh Koothrappali rodeado de amigos blancos. O Silicon Valley, que tiene a Dinesh y Jian Yang, indio y chino respectivamente, como representantes solitarios de sus países. Así, se crea una ilusión de diversidad que, no obstante, se queda sólo en la superficie. Sin embargo, en Brooklyn Nine-Nine, tanto Amy como Rosa son latinas. Ver a dos mujeres hispanas es tan inusual en una serie estadounidense que Stephanie Beatriz (Rosa) creyó que no la iban a coger para el papel porque ya le habían dado el de Amy a una actriz cubana (Melissa Fumero). Y la cosa no acaba ahí: Terry y Holt no sólo son ambos negros, sino que también ostentan los cargos de poder dentro del elenco.

Rompiendo estereotipos

Afortunadamente, Brooklyn Nine-Nine no se detiene en la diversidad física de sus personajes a la hora de romper convencionalismos, sino que también arrasa con estereotipos asociados a género, sexualidad y raza sin pestañear.

Así, Jake Peralta es infantil y egocéntrico y, siendo blanco y heterosexual, tendría todas las papeletas para haberse quedado en el típico tío gallito que hace bromas insensibles. Sin embargo, en Brooklyn Nine-Nine, el detective, a pesar de toda su inmadurez, es empático y está dispuesto a aprender sobre distintas causas sociales y tomárselas en serio, aunque no siempre acierte en su forma de apoyarlas. Charles Boyle, a su vez, está plagado de cualidades que se asocian al género femenino: es  sensible, está deseoso de tener hijos y es un shipper en toda regla de Jake y Amy. El capitán Holt es gay, pero su personalidad no se basa en su sexualidad, sino que es simplemente otro aspecto de su vida. También sería fácil que un personaje interpretado por Terry Crews cayese en el estereotipo de hombre negro agresivo, pero, por el contrario, el sargento Jeffords es una persona cariñosa y muy sosegada.

En cuanto a las mujeres, al contrario de lo que pasa en demasiadas series y películas, todas se llevan bien entre ellas a pesar de sus diferencias. Amy es latina y también muy lejos de ser el arquetipo fogoso en el que las mujeres hispanas suelen ser encasilladas; ya que es una nerd sin dotes sociales. Rosa, al principio, parece cumplir el papel de mujer dura, hasta que los guionistas añaden matices como su pasado en el ballet o su gusto por las comedias románticas. Gina es superficial y vanidosa, pero también increíblemente inteligente y dispuesta a ayudar a sus compañeros cuando se lo piden.

Ningún tema sin tratar

Además, Brooklyn Nine-Nine no se acobarda a la hora de tratar temas difíciles de la actualidad. Siempre desde la comedia, pero asegurándose de hacer comentarios incisivos, ha hecho abordado el acoso laboral, el racismo institucional y la homofobia, entre otros temas. Y no lo hace, como en tantas otras series, únicamente con capítulos especiales que dedican veinte minutos al asunto para luego no volver a tratarlo jamás. Las bromas y frases que hacen referencia a problemáticas sociales son un continuo en la serie, convirtiéndose en algo que es tan parte de su esencia como sus personajes.

Brooklyn Nine-Nine es el comienzo de un nuevo tipo de comedia, aquella que únicamente ofende a los que no quieren ver amenazado el status-quo.

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