Loading...

Fuimos a comprar algo, no recuerdo el qué. Mis padres estaban mirando electrodomésticos mientras yo me entretenía con las consolas del expositor. Mi madre echó un vistazo a la pantalla, contempló un poco el juego que estaba probando. Le gustaba, y a ella nunca le gustaban los videojuegos. Aún a precio de novedad y haciendo caso omiso a la edad recomendada, me preguntó si lo quería. Por supuesto que lo quería, me lo estaba pasando genial y pocas veces se presentaba una oportunidad semejante, así que me lo compró. Y así, hace diez años, me fui a casa con mi Assassin’s Creed II.

El mejor profesor es el que te emociona

Todavía estaba descubriendo la por entonces nueva generación, era mi primer año con una Xbox 360. El mundo abierto de Assassin’s Creed II suponía una evolución sin parangón para mí. ¡Ese juego estaba vivo! Las calles eran ajetreadas, los artesanos y mercaderes trabajaban en sus puestos… La ciudad se sentía auténtica, pero no era solo por la gente que la habitaba. Sus edificios, su entramado y todo lo que le daba forma tenía sentido. Las plazas y puentes tenían una razón de ser, los palacetes y las iglesias estaban integrados en el entorno. No era un escenario diseñado como un patio de recreo, era una ciudad real y su nombre era Florencia.

Gozaba enormemente al pasear por sus mercados. Correr de punta a punta, deambular sin una meta. Sentía que eso no era solo un videojuego, era un homenaje a la historia, y me estaba impregnando de ella. No era por las fechas ni por los personajes, sino por su ambiente y su entorno. No estaba aprendiendo historia, estaba viviéndola. El inconfundible Ponte Vecchio, el imponente Palazzo Vecchio, la majestuosa Santa Maria del Fiore… Monumentos que no conocía, ignorante de mí, pero que me maravillaron desde el primer momento. No existía mejor forma para explicarme cómo era el Renacimiento italiano.

Cuando por fin pude hincarle el diente a Assassin’s Creed Unity, me emocioné. ¡Sentía el alma de una época pasada! Ansiaba con todo mi ser empaparme de esa recreación histórica, leer cada documento y explorar cada rincón. Desde tours arquitectónicos hasta una ronda de tabernas, entré de lleno en esa realidad mil veces más profunda que la Italia de Ezio. Detalles como una canción popular podían tenerme encandilado como si estuviera ante una ventana a otra dimensión. Visité y revisité Versalles. Me perdí por el Palacio de las Tullerías. Me infiltré en la Bastilla. Recorrí el Sena y ahí estaba Notre Dame. Ahí estaba.

Más allá de los Asesinos

Es increíble cómo la tecnología puede acercarnos a cualquier momento de la historia, en cualquier punto del planeta. El modo Discovery de Assassin’s Creed Origins ha sido el mayor añadido de la saga y un acierto incuestionable. Un documental interactivo elevado al máximo exponente, con total libertad de movimiento y con un trabajo de investigación impresionante detrás. Ojalá mantengan esta opción en sus futuras entregas y llegue pronto a Assassin’s Creed Odyssey.

Pero no solo los Assassin’s Creed actúan como museos reanimados. El primer Red Dead Redemption no es históricamente preciso, pero sabe recrear una atmósfera históricamente impecable de forma magistral. En un choque entre dos eras, el humo, la electricidad y los periódicos diluyen la imagen que tenemos del salvaje Oeste. Aprendemos mucho de sus personajes, aprendemos mucho de sus anécdotas y, sobre todo, aprendemos mucho de Marston, un hombre de otra época. Los inicios del siglo XX fueron un tiempo convulso y lleno de cambios para América, y Red Dead Redemption plasma con gran habilidad cómo la evolución y la nueva civilización acababan con el espíritu de los antiguos vaqueros y forajidos.

El pasado es, era y será real

La historia no son solo hechos. La historia es el olor del aire en las urbes, cómo viste y habla la gente, qué canciones cantan, a qué juegan, a qué aspiran. Fue el presente de otra época, fue el futuro de otra época. La historia estaba viva, y viva debe ser concebida. Estoy ansioso por ver hasta dónde pueden llegar estas recreaciones. ¿Quizás en VR? Sería hermoso poder visitar así las grandes obras de la humanidad, como las tumbas egipcias o el Coliseo de Roma, y verlas respirar de nuevo. Obras como Notre Dame, todavía viva en Assassin’s Creed Unity mientras la vuelven a levantar. Porque siempre nos volvemos a levantar, pero solo si recordamos por qué hemos caído.

A veces incluimos enlaces a tiendas en línea. Si hace clic en uno de los enlaces y realiza una compra, podemos recibir una pequeña comisión. Esto nos ayuda a poder seguir adelante con la web.


Redactor

Ingeniero catalán aficionado a calcular por qué tu juego favorito no cumple las leyes de la física. En los fightings cojo a los que dan abrazos.