Hace unos días os hable de Kenshi y del mundo de libertad que nos ofrece. El juego ya me parecía complicado entonces y puede que ahora me lo parezca incluso más. Puede que la primera impresión del juego sea algo como: madre mía, qué horror. Sin embargo, a medida que nos introducimos en el mundo y aprendemos a vivir según sus normas la cosa cambia.

Antes de entrar en el análisis con más profundidad, quiero repasar brevemente mis primeras impresiones. Kenshi es un título duro y hostil. Nos adentraremos en un mundo postapocaliptico que, más que un videojuego, es un universo. Un lugar en el que tendremos que vivir, del que tendremos que aprender y en el que nos tocará sufrir. Kenshi es sinónimo de libertad, pero una libertad que puede costarnos sangre, sudor y lágrimas.

Los comienzos nunca son fáciles

Como ya os comenté, este juego no tiene una historia o trama principal que seguir. Al entrar en el mundo, apareceremos en una ciudad y nuestro único objetivo será decidir qué objetivo tenemos en la vida. Sin embargo, antes tendremos que crearnos un personaje.

La primera decisión del juego será la clase y raza del personaje. Aunque no lo sepamos, con cada decisión estaremos influyendo directamente en el futuro del nuevo morador del mundo. Las clases determinarán la dificultad inicial del juego, nuestro dinero y la forma de empezar la partida. Hay muchas clases para elegir: desde vagabundos hasta miembros de La espada Sagrada; pasando por ciudadanos normales, comerciantes e incluso un tío con un perro. En cuanto a las razas, podremos elegir entre humanos, robots y diferentes razas de aliens. La raza afecta especialmente al juego; en función de nuestra elección, nuestro personaje tendrá unas debilidades u otras, una dieta determinada o una forma de interactuar con el resto del mundo.

Decidamos lo que decidamos, apareceremos en una ciudad y tocará empezar a vivir. ¿Y de qué vamos a vivir en este mundo? Bien, podemos dedicarnos a recolectar productos y venderlos; a manufacturar los productos que recolectemos; siempre podemos ganarnos la vida como comerciantes o mercenarios; pero la opción de robar también está ahí, y es bien golosa; y, si nuestros sueños son grandiosos, siempre podemos crear nuestra propia ciudad, o conquistarla.

Ninguno de estos caminos es sencillo y, muchísimo menos, seguro. Pero si queremos sobrevivir y empezar a ser reconocido, habrá que recorrer al menos uno de ellos. La pregunta ahora es… ¿y cómo lo hago?

La libertad no es más que la oportunidad de ser mejor

Lo más importante dentro de Kenshi es colocar la primera piedra del camino. Nuestra primera decisión nos llevará a la dominación mundial o al ostracismo. Si queremos comerciar tendremos que decidir en qué vamos a invertir el poco dinero que tengamos o podamos conseguir al principio. Podemos comprar herramientas para recolectar materiales y venderlos o comprar objetos en una ciudad e intentar venderlos más caros por todo el mundo. Si nuestro objetivo es dedicarnos al combate, habrá que empezar buscando pequeñas misiones o encargos. Y bueno, si el hurto es nuestro objetivo, alguna casa poco vigilada parece un buen sitio por el que empezar.

Algo que caracteriza a Kenshi es que todo, absolutamente todo, puede salir muy mal. Ninguna de las actividades que he comentado son sencillas y en todas podemos acabar muertos. Salir de la ciudad conlleva un gran riesgo porque nadie va a cuidarnos en ningún momento. Lo más probable es que si nos alejamos mucho acabemos devorado por alguna bestia o que una banda de malhechores nos parta alguna extremidad antes de robarnos.

Supongo que lo más sensato es intentar hablar un poco con la gente de la ciudad antes de empezar a trabajar. Sin embargo, la gente suele tener un carácter bastante agrio en este mundo. Cualquier conversación puede terminar a golpes o teniendo que pagar dinero si damos una mala respuesta.

De lo simple a lo complejo

La forma de interactuar con el entorno en Kenshi es sencilla, pero todo lo demás es realmente complejo. Solamente con el ratón podremos viajar, interactuar con la gente y con los objetos y mucho más. Sin embargo, entender los menús y sobrevivir va a ser otra historia.

La interfaz es realmente compleja y tiene decenas de apartados. El inventario, el estado del personaje, el mapa, la facción, la investigación, el menú de crafteo, el de construcción…

Habrá que estar atento a todo y hay cosas realmente interesantes. Nuestro personaje tiene unas estadísticas de ataque, defensa, fuerza, destreza, resilencia y esquivar; pero también tendrá hambre, heridas y estados. Cada parte del cuerpo está diferenciada y tiene su propia barra de vida. Si nos golpean en el brazo derecho, solamente se verá afectada esa extremidad y si la perdemos quedará inutilizada.

También hay estadísticas de todo tipo: armas, combate, alcance, robo, carrera, ciencias, oficios. Y cada una de ellas con sus categorías que tendremos que ir subiendo. Si corremos mucho, podremos incrementar nuestra velocidad de carrera. Si nos decantamos por un combate agresivo, mejoraremos la frecuencia de ataques, la probabilidad de golpear y el daño.

El paso del tiempo hace mella

Kenshi no es bonito. El juego lleva muchos años en desarrollo y se nota el tiempo en sus gráficos, texturas y animaciones. Aunque consigue trasmitir esa atmósfera de decadencia, hostilidad y crueldad, hay que reconocer que no entra por los ojos. Las opciones de personalización del personaje son grandes y las animaciones están hechas con cariño pero se nota que es un juego de hace muchos años.

Las pantallas de carga son larguísimas y he tenido algunas caídas de PFS al viajar por el mundo.

La banda sonora es muy completa, ya que prácticamente tiene un tema distinto para cada zona y cada situación. Pese a ello, termina convirtiéndose en un sonido de fondo que no aporta nada y que queda olvidado. Ninguna pieza destaca, ni para bien ni para mal, aunque consiguen apoyar ligeramente el ambiente del juego.

Cabe destacar que aunque el juego ya ha salido del acceso anticipado, todavía hay algún que otro problema con la traducción de los textos. Sin duda se debe a la gran cantidad de líneas de texto que tiene el juego y es un pequeño problema que seguro que solucionan pronto.

Un juego que no es para todo el mundo

Kenshi es uno de los títulos más complicados a los que me he enfrentado. El concepto me atrae mucho, siempre tengo curiosidad por los juegos que tratan la libertad de una forma tan directa. Sin embargo, el único que ha conseguido cautivarme de verdad en ese sentido es Miecraft y quizá por su sencillez. He probado otros títulos como Fallout 76, Black Desert o el título que hoy nos ocupa; pero creo que no son títulos para mí.

Me ha pasado de todo en Kenshi. Mientras recolectaba materiales para construirme una casa me atacó una bestia y me mató. En un viaje, un ladrón me dejó inconsciente y me robó todo mi dinero. Incluso me encontré con una especie de secta que predicaba por el desierto y que me dejó desangrándome en el suelo por una burla a su Dios. Eso es lo maravilloso de este juego.

A parte de ser divertido e interesante, pasan cosas que no te esperas. Sin embargo, mantengo que la curva de aprendizaje inicial es muy pronunciada y que son títulos que requieres mucho tiempo.

¿Recomiendo Kenshi? Pues la verdad es que sí. Especialmente si os gustan este tipo de juegos, evidentemente. De no ser el caso, darle una oportunidad a este título puede hacer que cambies de opinión.

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Redactor

El día que nací ningún bosque susurró mi nombre, pero quizá algún día oigáis hablar de mí. Me gustan los videojuegos que te cuentan una historia mientras la vives.

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