Considero a David Bowie como lo máximo a lo que un artista puede llegar. Se le conoce por su capacidad de reinventarse y estar siempre a la vanguardia de movimientos como el punk o el glam rock. Pero no estoy diciendo nada nuevo, así que, ¿qué tiene que ver el autor de Space Oddity con los juegos de Miyazaki? A priori nada. Pero analicemos por un momento los juegos que componen la saga SoulsBorne y comparémoslo con la obra de Bowie.

Sí, va en serio

Primero, quiero hacer un símil entre Demon’s Souls  y Hunky Dory. Ambos tienen toques de genio. En el disco de Bowie ya se prevé en canciones como Life on Mars? o Changes lo que Bowie llegará a ser, especialmente en esta última por su tendencia posterior a esos cambios mencionados en la canción. Lo mismo ocurre con Demon’s Souls, que sienta las bases de lo que será Dark Souls: una obra maestra en todos los aspectos. Así como también lo fue The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. Dark Souls pulió, pese a algunos pequeños fallos, la fórmula de Demon’s Souls casi a la perfección: dificultad exigente, escenarios obsesivamente cuidados, batallas con bosses que no se habían visto hasta la fecha, un diseño de niveles magistral, una narrativa completamente nueva, un sistema online innovador y un larguísimo etcétera.

Estuvo a la vanguardia, como Ziggy Stardust y ambos consiguieron inspirar la creación de muchísimas obras más. A partir de aquí las creaciones de los genios Miyazaki y Bowie se separan. Mientras que el disco de David marca el inicio de una época de innovación constante, la saga Souls empieza a estancarse.

Un lavado de cara

En 2014 apareció Dark Souls II, un título sobresaliente que, a pesar de esto, no está a la altura de su predecesor. La ausencia del creador de la saga en la dirección del título pasó factura a la hora de entender lo que hacía grande al primero. Bloodborne aparece en PS4 en 2015 y se convierte en un imprescindible en el catálogo de su consola. Llega con un más que necesario lavado de cara del combate. Innova en pequeños detalles también, pero la fórmula sigue siendo prácticamente la misma. Y Dark Souls 3, que aparece un año más tarde, es el Dark Souls más disfrutable por una simple razón: coge todo lo que hacían bien los anteriores y lo mezcla creando un Souls perfecto, pero que no añade nada a la fórmula que sea digno de mención.

Con esto no quiero decir que no me haya gustado el rumbo que ha tomado la saga, es más, ¡es sin duda una de mis sagas favoritas! Pero siendo sincero, creo que se ha desaprovechado bastante la creatividad de esta compañía y no quiero un Dark Souls IV ni un Bloodborne II si no desarrollan algo parecido a lo que se ha hecho con el último juego de God of War.

Si la carrera de David Bowie destacó por adaptarse siempre a la perfección y no estancarse, no espero menos de otro genio como Miyazaki. Sekiro: Shadows Die Twice se estrena en apenas dos meses y espero mucho de From Software, y en especial, que apliquen el dicho que Bowie nos ha enseñado a valorar “En la variedad está el gusto”.

Artículo por: Carles Usó
Fan de los videojuegos, el cine, la música y algo más.

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