De pequeño, lo primero que hacía cuando tenía un juego nuevo entre manos era abrirlo, sacar el librillo de instrucciones y echarle un buen ojo. Era la antesala de un mundo de fantasía; el prólogo de una historia que podría marcarme para siempre. Llamadme nostálgico. Ahora, porque el paso del tiempo es inexorable, han desaparecido y, de hecho, se prevé que la defunción de lo físico esté más próxima de lo que le gustaría a Marie Kondo (¡que ya es decir!). El sector está ligado a la evolución, aunque sea mal entendida, en todos sus ámbitos. Recientemente, hasta la comunicación de las compañías de videojuegos está cambiando. Aquel primer contacto de un título, encerrado en un pequeño manual, ya no tiene sitio.

Ya no compramos un juego por lo que hemos leído de soslayo o porque nos guste su portada y sinopsis; lo hacemos porque sabemos a ciencia cierta qué nos vamos a encontrar. En la medida en la que el mundillo ha ido ganándose su hueco, también lo han hecho sus nombres. Por eso, las empresas ya no juegan a las guerras de publicidad limitadas en espacio, tiempo y dinero, sino que son capaces de dar la información que les interesa (que no toda la que pueden) a su target prácticamente sin coste.

(El primer -y particularmente aburrido- State of Play).

Comunicación digital

Esta época de comunicación digital es una dorada, sin duda, y redefinirá la historia y etapas venideras. Pero por el camino deja cadáveres y damnificados que, amordazados por el entorno virtual, se quedan sin voz. Las pruebas: tres de las más grandes compañías tienen microemisiones propias y el E3 cada vez está más raquítico. Tras las ya veteranas Nintendo y Microsoft, Sony ha decidido comenzar su “State of Play, un espacio dedicado a informar a la comunidad sobre sus títulos y anuncios.

Tras la primera emisión ya podemos sacar algunas conclusiones. Al margen de lo paupérrimo que ha sido en anuncios y chispa, es un formato con un ritmo alto, breve y más centrado en enseñar cosas que en hablar de ellas. En esencia, es un Nintendo Direct con el logo y los títulos de Sony. Esto asegura, si lo hacen bien, un flujo constante de información para vosotros, jugadores, y una gestión óptima de las expectativas. Con todo, esta primera toma de contacto, quizá por unas altas exigencias (bastante infundadas), ha dejado algo frío al personal.

Un nuevo formato

Estos programas presentan una serie de ventajas bastante notables, desde luego. Son más autónomos y están más dirigidos, por lo que ofrecerán variedad más allá de los grandes melocotonazos de unos y otros. Junto al flujo de información constante, se crearán focos de debate con más asiduidad. También será más fácil seguir la actualidad de los juegos que nos interesan e, incluso, descubrir algún título para colocar en el radar. Como ejemplo, el curioso Concrete Genie. Incluso, servirá, idealmente, para ahorrarnos algún anuncio fantasma y vacíos de información. Véase caso NiOh o The Last Guardian.

Esa reinversión publicitaria (porque además de información nos quieren vender el juego, que no se olvide) viene precedida, sin embargo, por otros factores y beneficios. Las comunidades están más fragmentadas, por lo que resulta más fácil calar un mensaje o un juego en un público ultraespecífico que en uno general (aspiración del E3). Este asentamiento responde también a la coyuntura del sector. La información, en realidad, no puede darse en los plazos tradicionales porque la generación está terminando y las compañías no pueden arriesgarse a presentar más juegos sin saber a ciencia cierta qué pasará con las consolas.

Al margen de todo esto, se ahorran dinero, pueden jugar mejor con nuestras expectativas si manejan bien las cartas y podrán manipular más la información que ofrecen. Lo que, paradójicamente, se corresponde con el modelo de agente de prensa, que existe desde que la comunicación institucional. No obstante, esta fragmentación facilita, en teoría, que el público juzgue de forma más frecuente (aunque menos feroz) y las empresas podrán, en consecuencia, actuar según las críticas.

Un modelo viene…

Todo esto representa, en suma, un nuevo modelo de comunicación que está empezando a asentarse. Más fragmentado, con múltiples enfoques y centrado en tendencias más concretas. A pesar de sus ventajas, la fórmula no es transversal a todo el sector. Al final, esta nueva estrategia tiene sentido e impacto en las grandes compañías, pero difícilmente empresas más pequeñas hagan tanto ruido. A no ser, claro, que sean del agrado de las gigantescas corporaciones.

Es, al final del día, otra medida que polariza el mercado y que marca quiénes son los fuertes de verdad. Aunque es fantástico que los estudios pequeños gocen de sus segundos de gloria en algún Direct o State of Play, el escaparate del E3 es oro molido que van a dejar de tener. Aun con todos sus sesgos, es fantástico ver cómo obras más pequeñas tienen su espacio en el chiringuito más importante del mundillo.

…y otro se va

Pero lo que más me apena, sin duda, es que esto está motivado por un desapego cada vez mayor del E3. Desde unos años a esta parte, el evento tiene cada vez menos fuerza como foco de comunicación y ha evolucionado a otro tipo de celebración. Toda esa exaltación por el videojuego, la ilusión que nos puede embargar con una retahíla de nuevos anuncios como Final Fantasy VII Remake, la vuelta de The Last Guardian o la nueva Kojimada, se difumina. A pesar de que las nuevas fórmulas se consoliden con todas sus ventajas, dudo mucho que consigan crear un ambiente tan festivo como el E3. Que, con sus defectos, que son muchos y numerosos, no dejaba de ser “la fiesta de los videojuegos”.

(Hay momentos irrepetibles, como el «Extreeeme» de Tak Fujii, del canal de YouTube DaSaviors).

No pretendo, ni mucho menos, sonar fatalista. Era cuestión de tiempo que la convención se reinventase, y con Electronic Arts fuera del barco, con Nintendo a su deriva particular y con Sony tirándose al agua, parece que va a perder más fuerza que nunca. Si las principales empresas propulsoras deciden, además, fragmentar sus anuncios, más se diluye esa suerte de apoteósis. Si todas las grandes empresas han virado a esta dirección, es porque es la que mejor funciona. No se puede luchar contra los avances, pero sí que debemos intentar extraer lo mejor de ellos. Si la calidad acompaña a las ganas de vender, cosa que parece inverosímil salvo por algún Direct muy destacado, el éxito de la microemisión está asegurado.

¿Página 1?

Sin embargo, no dejo de pensar en las grandes citas. En un discurso que no esté marcado por la velocidad y por la imperiosa necesidad de vender todo un catálogo. En ser capaz de concentrar en un instante toneladas de emoción e ilusión. Quizá, en algo más ingenuo que me haga sentir como cuando abría un manual por primera vez. O quizá, definitivamente, es que me estoy haciendo viejo y tenéis que llamarme nostálgico.

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Redactor

Mi vida la definen un gran acierto y un gran error: engancharme a los videojuegos y meterme en Periodismo. Intento que lo segundo sea más llevadero gracias a lo primero. También estoy en GuiltyBit (y donde me dejen).

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