La gracia de 1984 era la resignación de su protagonista ante el régimen
impuesto. Antes de Orwell, las novelas distópicas como Nosotros de Zamiatin narraban actos
de rebelión, pero ahora el yugo es demasiado poderoso como para dar cabida al valor. George
Orwell cambió el paradigma distópico para ofrecernos la cruda realidad dentro de un
panorama ficticio, lo cual no muchas veces se ha entendido en ámbitos como el cine porque
habla de una faceta de nosotros mismos que pocas veces queremos reconocer. El término
“orweliano” ha servido para definir casi de forma genérica cualquier distopía, desde Los
juegos del hambre hasta Bioshock, y aunque si haya muchas obras que compartan muchas de
las características de 1984, la sumisión no siempre se contempla.

Papers, please (Lucas Pope, 2013) carece de muchos de los elementos propiamente
“orwelianos”, pero si que incluye esta faceta distópica. Su universo, compartido con su anterior
obra The Republia Times, nos acerca a una realidad conocida, el de la Unión Soviética de los
años 80, que ahora adquiere un matiz fantasioso con la inversión de los nombres. La guerra,
al igual que en 1984, juega un papel crucial en el condicionamiento mental de los
personajes y todo el complejo entramado converge en nosotros, un pobre guardia
fronterizo que guarda en sus sellos el destino de muchos. Cinco años después de su
publicación, Nikita Ordynskiy (dirección) y Liliya Tkach (producción) en colaboración con el
propio Lucas Pope, nos presenta Papers, please: the short film, un cortometrajo basado en el
conocido videojuego, y al igual que con los grandes filmes hollywoodienses sobre videojuegos,
el temor le invade a un servidor. Aquí podéis ver el corto:

El cine parece no comprender que, de base, el videojuego no es un medio narrativo.
En el diseño, la narración es una consecuencia de las mecánicas construidas, la argamasa que
justifica y amalgama el conjunto de sistemas que conforma el videojuego. Aunque la tendencia
a lo largo del tiempo ha sido ofrecer una mayor conexión entre la mecánica y la expresividad
de la misma, seguimos ante una base que, por naturaleza, es ajena a la literatura. Papers,
please cuenta una historia con cuentagotas, a través de periodicos que nos revelan la situación
de Arstotzka y las pequeñas situaciones que nos acontecen en el puesto fronterizo. Los
cimientos del videojuego nacen de una mecánica y una decisión, <<¿pasarán o no?>>, y
a partir de ahí Pope construye una narrativa emergente que nos involucra.

Trasladar esto al lenguaje cinematográfico es imposible porque un espectador
siempre será pasivo por mucho que juegues con las reglas para involucrarlo. Funny Games (Michael Haneke, 1997) romperá la pared y apelará a nosotros y nuestro morbo
directamente y sin tapujos, pero nosotros no somos los que apretamos el gatillo; en Hotline
Miami (Dennaton Games, 2012), si. El cortometraje de Papers, please alberga en su puesta en
escena todos los elementos que Pope diseñó: tenemos los sellos, la documentación, los
personajes que circulan por el puesto con sus problemas, etc, y sin embargo, el conjunto se
nos antoja vago y conocido porque no va más allá de una mera lista de cosas. Faltamos
nosotros ahí.

Este, por lo general, suele ser el asunto que más lacra las adaptaciones de
videojuegos en el cine, pero es algo ontológico demasiado complejo de combatir, mas si
obviamos este hecho, Papers, please: the short film no es en absoluto una mala adaptación del
videojuego. Al contrario que otras superproducciones, analiza lo que el videojuego
lograba y lo traduce a un lenguaje distinto. Este respeto al original es el que otras
adaptaciones como Resident Evil o Assassin’s Creed no supieron mostrar, pues amar a alguien
no siempre implica comprenderlo. Ordynskiy y Tkatch han sabido trasladar las emociones
que el videojuego implicaba a la imagen; se ve en la imagen del inspector reflejada en la
ventana tras dar una negativa, en la imagen de su familia tras los sellos, en la propia fuerza
implementada a dichos sellos, un objeto con el poder de un juez. Nuestra participación en el
dilema moral desaparece, pero dicha decisión sigue en nuestro protagonista, que como buen
«orweliano» debe resignarse para no sufrir las consecuencias.

¿Esto hace bueno a Papers, please? Pues lo cierto es que el asunto es más complejo.
El cortometraje cumple como adaptación por su respeto al original, pero si lo analizamos
como una obra única, el asunto se enturbia. Si bien el trasfondo de Pope resulta original, a ojos
literatos estamos ante premisas conocidas y explotadas. De nuevo, la resignación o la lucha del
individuo frente al conjunto no es algo que se inventara ayer. La falta de un jugador o,
simplemente, el desconocimiento de la obra original puede causar en el espectador un
efecto de rechazo al carecer de contexto, y la falta del mismo no es una laguna en la
valoración de una obra, sino una virtud que a menudo ofrece otras perspectivas. Valorando
Papers, please desde un punto de vista puramente cinematográfico, vemos una obra correcta
pero no innovadora que, a su vez, presenta una interpretación algo irregular y un montaje que
comienza fuerte pero que termina revelando un esquema simple y contraproducente. Es más,
volviendo al original, el videojuego de Lucas Pope se vale de la repetición para agotarnos. ¿Qué
hace especial los problemas del que tengo delante si todos los ciudadanos que pasan por aquí me cuentan sus miserias? Con ese montaje, el cortometraje hace rápido, liviano y hasta
llamativo un trasunto que debería agobiarnos para meternos en la piel de este señor al
servicio de Arstotzka.

Es demasiado complejo adaptar un videojuego, pero parece que el mundo se
empeña en adaptar lo que no tiene sentido fuera de la interacción. Ahora se acerca Rampage,
una película basada en un juego arcade, de cuando el videojuego ignoraba lo que es un guión.
Si esto no desprestigiara al videojuego, me alegraría, pues sería una llamada de atención al
público para que se acercara al arte interactivo y entendiera que lo hace tan especial. No
obstante, ahí tenemos Rampage, que ve al videojuego del mismo modo que Big Bang ve al friki:
una atracción de feria. Me alegra ver a Papers, please rompiendo la rueda, pero la fruta aun
anda verde, y el cinismo de un servidor no termina de disiparse. Manténganse fuertes por mi.

 

Artículo por: Carlos Campoy

A veces incluimos enlaces a tiendas en línea. Si hace clic en uno de los enlaces y realiza una compra, podemos recibir una pequeña comisión. Esto nos ayuda a poder seguir adelante con la web.


Si quieres colaborar con Voltio, mándanos un e-mail a colaboraciones@voltio.com y cuéntanos un poco sobre ti.

Deja tu mensaje

Tu email no será publicado nunca. Los campos marcados con asterisco (*) son obligatorios.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.