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From Software lo ha vuelto a hacer. Los creadores de los juegos que se utilizan como comparación de la dificultad nos han traído una nueva obra maestra. Han sabido conservar ciertos elementos que hacen grandes a Dark Souls y Bloodborne pero dando a su último videojuego una identidad propia. Sekiro: Shadows Die Twice es un título depurado hasta la saciedad y muy difícil de dominar. Un título que nos costará más de un grito y un enfado pero también nos ofrecerá verdaderas satisfacciones. Además, supone un soplo de aire fresco para los juegos del estilo y de la compañía.

Es muy importante destacar un par de cosas. Sekiro: Shadows Die Twice no es un soulsborne y no pretende serlo ni hay que entenderlo como tal. Han decidido implementar varios elementos de sus juegos anteriores en un título con un enfoque totalmente distinto. Así pues, no necesariamente os va a gustar este título si sois fans de la saga. El juego tiene un inicio extremadamente duro pero poco a poco descubriremos de lo que somos capaces como shinobis.

Como suelo decir, vamos a ver qué nos ofrece Sekiro: Shadows Die Twice.

El sacrificio como acto de honor

La historia gira al rededor de Lobo, un shinobi que ha jurado proteger a su joven señor. Un hombre que lo ha perdido todo menos su honor. Sin darnos cuenta, nos veremos envueltos en una trama en la que tendremos que romper una maldición. Los sucesos tienen lugar en el Japón feudal del siglo XVI, concretamente en el periodo Sengoku. El protagonista de este juego ya tiene un trasfondo previo, un carácter y una forma de ser. Nuestro shinobi hablará en las conversaciones y tiene su propia motivación para hacer lo que hace. Como siempre, no quiero hacer ningún spoiler del juego y menos tratándose de un juego de este estilo; así que, tendréis que jugar para conocer el resto de la historia.

Más que de la historia en sí, me gustaría hablar de la forma que tiene el juego de contarla. Aunque sigue el estilo de los Souls, nos han ofrecido un relato mucho más claro. Seguiremos teniendo personajes enigmáticos y conversaciones en las que no entenderemos nada. Sin embargo, la historia del juego está mucho más definida. Los NPCs y lo objetos aportarán información sobre el universo pero no serán vitales para entender la historia. Sekiro: Shadows Die Twice nos presenta un mundo en conflicto con un componente esotérico y lleno de crueldad, dureza y traición.

Morir para vivir

La muerte y la resurrección forman parte del universo. Han introducido estos dos aspectos como parte de las mecánicas y de la historia. Nuestro personaje podrá resucitar gracias a la sangre que corre por las venas de su señor. Al morir, tendremos la oportunidad de volver a la vida y continuar luchando. Podremos resucitar varias veces por combate aunque solamente una vez por cada fase de los jefes.

Si morimos definitivamente, perderemos la mitad de nuestro dinero y de la experiencia que tengamos (sin llegar a poder bajar de nivel en ningún caso). Además, la muerte supone un perjuicio para todos los que han estado cerca del shinobi. Los NPCs del juego contraerán una enfermedad conocida como Dracogripe a medida que vayamos muriendo. Aunque esta mecánica asusta un poco al principio, pronto podremos encontrar una posible cura para la afección. Pese a ello, es muy interesante cómo el juego integra la muerte y la resurrección como parte de la historia y de la jugabilidad.

Una nueva dimensión

El mundo de Sekiro: Shadows Die Twice ha ganado una dimensión entera con respecto al resto de juegos de From Software. Gracias al brazo mecánico que lleva el protagonista, podremos acceder a sitios ocultos agarrándonos a troncos y pequeños salientes. Aunque en este juego no podremos cambiar de armas ni armaduras, todavía tendremos muchas cosas que buscar por el mundo. Además de materiales para mejorar los distintos dispositivos del brazo, encontraremos objetos con los que mejorar nuestra vida y postura. De la misma forma, algunas misiones secundarias nos obligarán a explorar todo el mapa en busca de lo que nos pidan encontrar.

Por lo demás, el mapa no es especialmente grande pero está lleno de recovecos y zonas ocultas. Además de poder saltar de árbol en árbol, también podremos nadar y bucear. El poder movernos por el agua también nos abrirá nuevos caminos y zonas que explorar.

Especialmente para una segunda o tercera vuelta, la posibilidad de viajar a grandes saltos nos evitará muchos enfrentamientos.

Un maestro shinobi

El combate es la joya de Sekiro: Shadows Die Twice. Al principio no estaba nada convencido con este nuevo estilo pero tras el primer cuarto de juego mi percepción cambió totalmente. Hay algunas cargas y ciertos agarres que todavía no funcionan a la perfección pero por lo demás el combate está depurado hasta la saciedad. Encontraremos tres tipos de enemigos en este título: los enemigos normales, los élites o mini-jefes y los jefazos. Los primeros tendrán una única barra de vida y el resto tendrán dos o tres. La mayoría de enfrentamientos serán contra el primer tipo pero el combate brilla realmente en los otros dos.

En este juego no podremos elegir builds más allá de cambiar los dispositivos del brazo e intentar combinarlos con las habilidades. Por otro lado, tendremos algunas técnicas de ataque y ninjutsus que podremos utilizar para facilitar nuestro trabajo. No hay diferentes armas ni armaduras y no tenemos distintas estadísticas que subir. Así pues, habrá que enfocar el combate desde el sigilo o con un enfrentamiento directo katana en mano. From Software ha introducido una nueva mecánica de sigilo en este título. Con una mecánica muy similar a la de las últimas entregas de Assassin’s Creed, podremos acercarnos a nuestros enemigos sin hacer ruido y ejecutarlos. Con un ataque sigiloso le quitaremos una barra de vida a nuestro enemigo y nos dará la oportunidad de ejecutar alguna habilidad especial.

Si optamos por un enfrentamiento directo, empezará el sufrimiento, el dolor y la tensión. El combate de Sekiro: Shadows Die Twice es intenso. Posiblemente una de las experiencias más duras que he tenido en un videojuego. He llegado a terminar combates con las manos y piernas temblando y sin saber muy bien cómo he llegado a derrotar al jefe (o a morir vilmente). Hacerse al combate de Sekiro es muy complicado. No podremos hacer que el juego se adecue a nuestra forma de jugar, así que tendremos que ser nosotros los que entiendan cómo funciona el juego. Cuando consigamos ser uno con el shinobi, el combate se transformará en un baile, concretamente en el tango de la muerte.

Sea como fuere, al derrotar a los grandes jefes, conseguiremos un objeto para mejorar nuestro ataque.

Dudar es fracasar

Dentro del combate, hay un aspecto especial que merece todo un apartado: el parry. Hacer parrys o desviar ataques es la mecánica básica del juego. Tanto nosotros como nuestros enemigos tendremos dos recursos en combate: la vida y la postura. La vida funciona como en todos los juegos. Varias barras de vida contando con las resurrecciones y si se reduce a cero, morimos.

El recurso interesante es el otro, la barra de postura. Funciona como una especie de aguante para realizar los parrys y los bloqueos. Esta mecánica es muy distinta a los anteriores juegos de la saga. En Sekiro: Shadows Die Twice no existen los parrys que dejan venido al enemigo para matarlo. Conseguir hacer un buen parry llenará la barra de postura de nuestros enemigos y, una vez completa podremos asestar un golpe mortal. Los golpes mortales arrebatarán completamente una de las barras de vida de los enemigos. Si solamente nos dedicamos a bloquear los ataques, la barra que subirá será la nuestra y quedaremos vendidos.

Además de los ataques normales que se pueden bloquear, los enemigos podrán realizar técnicas que no podremos parar fácilmente. Así pues, tendremos que dedicarnos a esquivar o a saltar para evitar un golpe demoledor. Sin embargo, podremos arriesgarnos a hacer un parry perfecto a estas técnicas con lo que evitaremos parte del daño a costa de subir mucho nuestra postura.

Como ya he dicho, el combate de este juego es muy complicado de dominar y pone realmente nervioso. Sin embargo es de los más bonitos, puros, intensos y emocionantes que he podido disfrutar nunca.

Bienvenidos al Japón feudal

Gráficamente el juego es precioso. Nada realmente impresionante pero consigue crear una atmósfera muy cuidada. Los paisajes son preciosos y los escenarios están detallados y muy trabajados. El juego funciona muy bien, los FPS son estables y las pantallas de carga no son muy largas. Al menos en la versión de PC han conseguido que todo funcione a la perfección.

Por su lado, las animaciones son fluidas y los personajes tienen una cantidad de detalles bestial. Sin embargo, me gustaría destacar que he notado que hay muy pocos tipos de ejecuciones. Cuando realicemos un golpe mortal, nuestro shinobi ejecutará con maestría a su enemigo. Sin embargo, me habría gustado poder ver algunos tipos más.

En cuanto al sonido, complementa la perfección la ambientación de Sekiro: Shadows Die Twice. Las músicas de algunas batallas son realmente épicas aunque creo que sin llegar al nivel de Dark Souls o Bloodborne. Sin embargo, los efectos de sonido son mucho mejores. Especialmente en combate, podremos escuchar cada paso, cada movimiento y cada choque de espadas. El doblaje (al menos en japonés) es maravilloso y las voces que han seleccionado le dan personalidad a cada personaje.

De cero a héroe

Cuando empecé Sekiro: Shadows Die Twice pensé que me lo pasaría una vez y no volvería a tocar este juego. A día de hoy, ya me he pasado el juego dos veces y tengo intención de hacerlo dos veces más para conseguir todos los finales. Dominar el juego es complicado, entender la forma de jugar es difícil pero hacerlo es muy satisfactorio. He conseguido hacer un par de combates perfectos en cuanto a parrys y ataques y es realmente espectacular.

Sinceramente, creo que no es un juego para todo el mundo. Pienso que cualquier persona puede llegar a dominarlo y jugar bien pero eso no implica que juegue a gusto. Como ya he dicho, no hay builds, ni armas, ni existe la posibilidad de tener más vida o ataque de lo que el juego nos permita en cada momento. Pese a eso, la dificultad está tan bien medida que siempre sabremos que, si lo hacemos bien, podremos matar al jefe sin problemas. Bueno, problemas vamos a tener, porque vamos a morir mucho hasta que dominemos el combate.

No necesitaremos farmear generalmente aunque siempre puede interesarnos conseguir una nueva habilidad. Especialmente en el resto de vueltas, podremos ir de jefe en jefe sin matar prácticamente a nadie y no notaremos ningún tipo de perjuicio. La vida tiene un límite para todas las partidas y el ataque subirá cuando matemos a los jefes principalmente.

He disfrutado mucho del juego y se ha convertido en uno de mis favoritos. Dejando de lado la historia, el placer de hacer un combate bien supera con creces el de cualquier otro título. From Software ha demostrado que, incluso cambiando el enfoque del juego, sabe ofrecer un producto con una calidad cada vez más alta.

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Redactor

El día que nací ningún bosque susurró mi nombre, pero quizá algún día oigáis hablar de mí. Me gustan los videojuegos que te cuentan una historia mientras la vives.