Tras varios rumores, filtraciones y promesas veladas, Shenmue 1 y 2 se anuncia finalmente en PS4, Xbox One, PC y, posiblemente, Nintendo Switch. Toca repasar la historia de Ryo Hazuki y los porqués de una de las grandes obras del videojuego

Para entender la importancia de Shenmue en el catálogo y la historia de los videojuegos debemos viajar en el tiempo hacia el pasado, más concretamente a la década de los 80. Los primeros ordenadores personales y las primeras videoconsolas se dan la mano con los salones arcade o recreativos, mientras el ocio electrónico se convierte en la gran quimera, el tesoro tras el arcoíris, con ayuda las primeras proto-consolas portátiles, hand helds o ‘maquinitas’.

Las primeras compañías van consolidando su presencia en el mercado mientras nuevas compañías van apareciendo. En este estado de cosas, SEGA reclama su parte del pastel con sus plataformas de juego y sus potentes arcade. El videojuego ha nacido y crece como la espuma, y llevados por su amor a la afición, los primeros grandes maestros se dan a conocer. Junto a un Shigeru Miyamoto que rompe con Mario y Link, Hideo Kojima con su Metal Gear y Hironobu Sakaguchi con Final Fantasy, un nuevo talento nipón comienza a destacar. Tras un primer título en consolas, Champion Boxing, el padre de Shenmue: Yu Suzuki, logra hacerse con el título de rey del arcade gracias a juegos como Hang-On, Space Harrier, After Burner y Out Run, juegos trepidantes en los que el uso de la cabina en forma de moto, avión o coche logra marcar la diferencia.

Establecido como maestro desde sus 25 años, Suzuki y su equipo, AM#2 trabajan en el uso de la profundidad de la pantalla y su búsqueda de las 3D dando como resultado, ya llegados a los 90, las Model Series, colección de juegos potentísimos en 3D con el uso de polígonos entre los que encontraríamos Virtua Racing, Daytona USA, Virtua Cop, Virtua Striker, y por supuesto, Virtua Fighter. Este último cobraría especial sentido, no sólo como padre espiritual de títulos como Tekken o Soul Calibur, sino también como primera piedra del proyecto Berkley, lo que terminaría siendo Shenmue.

 

Shenmue 1 y 2, repaso al clásico

De vuelta a los 90

En 1994, con Yu Suzuki y su equipo AM#2 bebiendo los vinos de la victoria de la Model Serie y todos sus Virtua, el padre de Shenmue decide viajar a China en busca de inspiración para una nueva entrega de Virtua Fighters protagonizada por Akira Yuki. Durante el viaje, una de las constantes motivaciones del maestro nipón, la de crear un RPG en 3D que desafiara todo lo visto anteriormente, vuelve a cobrar fuerza. Esta necesidad creadora le lleva a hablar con el equipo y empiezan a configurar el boceto de lo que en principio sería Virtua Fighter RPG, un nuevo episodio de la saga protagonizado por Akira y que llevaría al artista marcial a viajar por Japón y China en una trepidante historia de aventuras.

El proyecto, rebautizado como Project Berckley, comienza a tomar forma y lleva al equipo a alternar su trabajo en varios de los juegos en desarrollo con una nueva investigación tanto de escenarios e historia como de motores gráficos y herramientas. Tras unos meses terribles programando para SEGA Saturn, con la promesa de SEGA Dreamcast en el horizonte, AM#2 re-adapta todo su trabajo a la nueva consola de SEGA, por entonces aún conocida como Katana, y preparan la semilla de Shenmue.

 

 

What’s Shenmue?

En 1998 la liebre se destapa. Los rumores, las filtraciones, la promesa de algo gordo, nunca visto, irrepetible, terminan dando por resultado una ambiciosa gira de promoción, ‘What’s Shenmue?’, acompañada de vídeos, entrevistas y una gran cantidad de material de desarrollo que, en un momento en el que no estaban popularizados ni los diarios de desarrollo ni Internet, terminarían por volarnos la cabeza a todos los usuarios del momento.

Hay que entender, llegados a este punto, la revolución tecnológica de los últimos años: la primera Playstation, Nintendo 64 y SEGA Saturna habían llegado apenas cuatro y tres años antes, vivíamos un momento brutal con la implementación del CD como formato, y los videojuegos avanzaban a un ritmo endiablado prometiendo cosas cada vez mejores con una SEGA Dreamcast a punto de llegar a Japón dispuesta a arreglar lo que Saturn no había logrado conseguir en occidente. En este estado de cosas, con el estándar puesto en los 32 bits de Sony, SEGA mostraba Shenmue. Imágenes de una prometedora Dreamcast capaz de mover polígonos y texturas a una velocidad endiablada prometiendo un RPG de aventuras con una profunda historia, combates a lo Virtua Fighter, diálogos y, de fondo, Japón.

 

 

Mi primer contacto con Shenmue

Como videojugadores, hay juegos que marcan nuestra vida. En mi caso podría poner a Pac-Man y Galaxian como los primeros títulos que tuve la suerte de jugar, en un salón arcade, allá por 1982 en Valdelagrana, Cádiz. Jetpac como el primer juego que jugaría en casa, en el Spectrum que los reyes nos trajeron en 1984 a mis hermanos y a mí. Super Mario Bros. 3 como el juego con el que conocí la NES, y Soleil, GTA III, Fable o Yakuza, entre otros. De todos ellos, con la salvedad de los primeros, Shenmue fue el que más me impactó.

Corría la navidad de 1999 y estaba con la por entonces mi novia, a día de hoy mi esposa, Eva, en una tienda de anime, J-Roc, videojuegos japos y merchandise que fue, durante años, el emporio del friki en el sur: Iman Cádiz. El Bali, uno de los dueños del negocio, acababa de hacerse con una Dreamcast japonesa que, conectada al viejo CRT de la tienda, daba las primeras notas de la canción Shenhua. Todo lo que veía ahí, al alcance de mi mano, era asombroso: la lluvia, las texturas, la noche, y ese prólogo que me acompañará siempre, ese combate de honor en el dojo Hazuki y el dolor del joven Ryo al ver asesinar a su padre sin poder hacer nada. Sobra decir que los apenas cinco minutos del prólogo antes de que Bali apagara la consola y nos mandar a todos a casa fueron suficientes para conseguir, en apenas cinco días y aprovechando que en fin de año se paga bien la puesta de copas, dinero para pillarme mi propia Dreamcast y mi propio Shenmue. Y nunca me arrepentiré de ello.

 

 

Pero ¿Qué es Shenmue?

Yu Suzuki define Shenmue con FREE -Full Reactive Eye Entertainment-, algo así como un entretenimiento para la vista completamente interactivo, un videojuego de aventuras en el que poder interactuar con todo e ir marcando nuestro propio camino. La promesa es ambiciosa, pero también lo es su resultado. En Shenmue comenzamos la historia como testigos del asesinato de nuestro padre, y es a partir del día siguiente, con el corazón destrozado y doloridos por los golpes, que empieza nuestra aventura como Ryo Hazuki.

Lejos de llevarnos de la mano, Shenmue nos invita a explorar el pequeño pueblo de Yamanose, en Yokosuka, hablando con nuestros vecinos, buscando pistas del coche negro que huyó el día de la tormenta y creando así un juego de detectives totalmente fuera de lo convencional en el que debemos interactuar con los PNJs, llevar a cabo nuestra investigación siguiendo las pistas que apuntamos en nuestro diario y tomándole el pulso al pueblo y sus gentes.

Pero esto es sólo el principio. Como joven estudiante en los maravillosos 80, Ryo tiene su propia vida en el pueblo: sus amigos, sus enemigos, la chica que le gusta, sus rivales, la señora mayor que hace las veces de su abuela y su compañero de entrenamiento y hermanastro. Esto hace que no quepa la búsqueda de venganza y el liarse a tiros, sino que lejos de este concepto de videojuego agresivo lo que nos propone Shenmue es una búsqueda de la propia identidad y la del padre, muy en la línea de Chichi no Koyomi -El Almanaque de mi Padre- de Jiro Tanichi, que marca un camino de conocimiento y no de venganza, de amor y no de odio.

 

 

No os preocupéis: habrá combates y peleas, pero también sacrificio, ayuda y todo lo esperable del joven discípulo de una vieja familia samurái. Mientras jugamos, vamos viendo el día a día de un típico pueblecito nipón en la década de los ochenta. Un día a día que influye en nuestra investigación, ya que cada personaje de Shenmue tiene su propia rutina, sus días buenos y malos, sus localizaciones favoritas y sus preferencias, lo que hará que tengamos que preguntar por su paradero y sus rutinas, ayudar a aquellos que deseamos que nos ayuden y estar dispuestos a trabajar duro por avanzar en la obra.

Por si esto fuera poco, la vocación de realismo e interactividad de Shenmue nos invita a explorar el entorno en busca de cintas de casete con las que escuchar música y dejar pasar el tiempo, pequeños vídeos en forma de flash-backs que nos ayuden a conocer al padre de Ryo y valiosas latas de bebida y comida con las que mantenernos despiertos y no caer desmayados durante el juego.

 

 

Shenmue sigue siendo único

El lanzamiento de Shenmue hizo pensar que el videojuego había evolucionado, que habría un antes y un después tras la obra de Suzuki. Lamentablemente, la caída en desgracia de Dreamcast y unas ventas muy dañadas por la piratería unidas a los altísimos costes de producción del juego para la época hicieron que el proyecto se quedara parado, inconcluso, tras Shenmue II. La falta de éxito comercial motivó poco o nada a que se explotara esta filosofía de juego, y más allá de David Cage con su Omikron The Nomad Soul, que curiosamente compartía algunos elementos a pesar de salir a la venta poco después, ningún videojuego ha logrado recuperar el espíritu de Shenmue a pesar de los parecidos que puedan tener Yakuza o Kingdom Come Deliverance.

Shenmue sigue siendo, para muchos entre los que me incluyo, la mejor demostración de mundo abierto en un videojuego. La forma que tiene de plasmar un pueblo real como Yamanose, una ciudad como Hong Kong, los muelles de Yokosuka o incluso la ya desaparecida Kowloong es tan realista que asusta, no tanto por las necesidades de Ryo, sino por cómo todo personaje y elemento clave del juego tiene sentido en la historia. Desde la micro-economía propia de los gachapones hasta el sistema de premios de las latas, la necesidad de trabajar para obtener dinero y la forma lenta pero magnífica en la que la historia se va contando ante nuestros ojos, todo en Shenmue es un canto a la calidad que, por problemas de dinero, ningún otro se ha atrevido a repetir.

Y aquí es donde entra la importancia de esta remasterización y la necesidad de la misma. Shenmue es mucho más que un Virtua Fighter con historia, más que máquinas de muñequitos graciosos, poder jugar arcades de los 80 o vengar al padre de Ryo Hazuki. Shenmue es un trozo de historia viva del videojuego, una demostración de mimo y cariño de Yu Suzuki hacia sus propios sueños, y un must play para todo profesional o amante de los videojuegos que se precie. Yo, por mi parte, no veo la hora de volver a jugarlo, en Xbox One X y, a ser posible, con mejoras, y eso que hace apenas año y medio volvía a conectar mi Dreamcast para repetir su maravillosa experiencia. Podéis jugarlo o podéis pasar, pero más allá de buenos ratos, de jugabilidades y de otras pajas mentales, os estaréis perdiendo una exquisita muestra de por qué el videojuego es algo tan maravilloso.

¡Nos leemos!

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Redactor

Yayogamer veterano y padre de una minivideojugadora. Hablo de videojuegos en Voltio y Mundogamers tratando de aportar un punto de vista positivo entre tanto postureo.

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