Este no va a ser un artículo fácil de escribir.

Desde que comencé a tener conciencia de mi mismo he visto como hay un cierto desprecio por el videojuego. No solo hablo de gente tildando al medio como algo inútil, si no, a veces, de una auténtica demonización. Curiosamente, a ojos de esa gente no parecen tener un propósito real, como si solo hubieran venido a hacernos daño. Pocas veces se le da voz a la otra cara de la moneda. Ya va siendo hora de hacerlo.

Ver el mundo desde un espejo roto

Hace tanto tiempo que ni recuerdo cuando empezó. El cuestionarse cada día por qué debería levantarme de la cama. El hacer cualquier cosa, hasta la mas mundana, con miedo por si sale mal. El ir por la calle pensando que todo el mundo me está juzgando y que a la mínima van a ir a por mi. El sentir que no vales nada, aunque el día te esté yendo bien. El pensar que no tiene sentido que sigas aquí, porque no lo mereces. Y las noches dando vueltas en la cama, no queriendo dormir porque sabía que inevitablemente iba a despertar y todo volvería a comenzar.

Cuando tuve el valor de buscar ayuda, descubrí que llevaba padeciendo depresión y ansiedad todos estos años. Y, por si os lo preguntáis, la depresión no consiste en estar triste. Puedes tener días mejores o peores, pero en todos ellos sientes que eres incapaz de estar vivo. Que esto te supera sobremanera y que no mereces estar aquí. Por lo mismo, la ansiedad no es estar preocupado por algo, si no que es un estado de miedo perpetuo. No es que tenga miedo de algo en particular, simplemente tengo miedo.

Seguramente lo peor de todo es que nadie vive estas enfermedades de la misma forma. Lo que me afecta a mi puede no afectarte a ti y viceversa.

Para explicarlo de una forma sencilla, imaginad la depresión como una caída constante, una en la total oscuridad en la que solo puedes ver un pequeño destello de luz que emana del lugar desde el que estás cayendo. No ves el fondo, ni siquiera tienes claro que tenga un fondo, solo sabes que estás yendo hacia abajo sin poder evitarlo. Y de pronto un día, logras tocar algo. En una pared que no sabías que estaba allí, ves que puedes agarrarte a ese algo y, aunque sea un segundo, parar de caer. Aquí es donde entran los videojuegos.

¿Qué haría Solid Snake?

Cuando tenía unos diez años y sentía que no podía más, me venía una frase a la cabeza «¿Qué haría Solid Snake?». Había visto a mi padre jugar al Metal Gear Solid original cuando tenía cuatro años, había jugado a Metal Gear Solid 3 de salida por un alquiler y, años después, pregunté a mi padre si podíamos comprar la cuarta entrega con el dinero que había ahorrado. A los diez años, Solid Snake era mi héroe. Y eso, sin haber terminado aún ninguno de sus juegos. Y sin entenderlos, ¿para qué mentir?

Unos años más tarde, en el instituto, recuerdo mirar a la mesa sin prestar atención a nada, preguntándome por qué debería estar ahí y pensando que no lo merecía. Lo que me sacaba del trance era pensar «bueno, al menos luego podré jugar un rato a algo». No jugaba todos los días, mis padres no me dejaban para que no descuidase los estudios, pero la idea de que en breves podría volver a jugar unas horas me tranquilizaba.

En esa época llegó el primer Dark Souls, donde ocurrió algo que no me había pasado hasta el momento: me identifiqué con un personaje. El personaje en cuestión fue Siegmayer de Catarina. Me llamaba mucho la atención como el pobre siempre lo intentaba, pero casi nunca lo conseguía. Como se sentía agradecido por que alguien le tendiera una mano en lugar de burlarse de su armadura. Pero lo que más me inspiró fue verle en esos compases cerca del final del juego, donde motivado por tus actos decide encarar el problema pertinente, y el juego te da la opción de ayudarle o simplemente escapar. Obviamente, decidí ayudarle.

Me he identificado con muy pocos personajes en general, y por fin ver a alguien así fue reconfortante. Si Siegmayer pudo plantar cara, ¿por qué yo no iba a poder?

Otro lugar donde agarrarse

Parte de que te gusten los videojuegos implica también hablar sobre ellos con gente o buscar información referente al medio o a los títulos que más te gustan. Y gracias a ello, he llegado a formar amistades. Hace años un grupo de amigos se formó jugando a Mortal Kombat 9. Gracias al primer Black Ops llegué a conocer gente con la que aún a día de hoy mantengo el contacto. Ya en bachillerato nos echábamos partidas a Hearthstone después de estudiar. Un amigo y yo utilizamos las partidas de Fortnite para ponernos al día, poder desahogarnos y, de paso, reír un poco. Y lo que más celebro de haber jugado a Yakuza 0 es, sin duda, poder llamar amiga a la persona que escribió el análisis que me impulsó a comprarlo.

El videojuego tiene mucho poder como elemento social, y aquí no hablo únicamente de multijugador, hablo de llegar a juntar personas. Si no hubiera llevado un collar de Overwatch hace un par de años, quizá no hubiera conocido nunca a algunos de mis amigos actuales. Amistades que empezaron hablando de mains y de personajes rotos.

Miedo a lo conocido

Aún con esas, hay veces que realmente parece que no vas a aguantar más. No hace mucho pasé por uno de los peores momentos de mi vida. Incluso se me pasó por la cabeza la idea de dejarme caer de una vez. Y algo que no olvidaré, porque tras recordarlo acabé riéndome, es que una de las frases que me pasaron por la cabeza fueron «si te rindes, nunca sabrás como acaba The Witcher 3«. Aunque ahora ya sepa como termina, no puedo ignorar que ese pensamiento fue lo que me hizo levantarme de la cama y encender la consola. Dejar de pensar en soltarme y simplemente jugar. Es algo que le voy a agradecer siempre a la obra de CD Projekt RED.

Y otro título que llegó en el momento adecuado fue Night in the Woods. Pasaba por la misma situación que su protagonista y me vi reflejado en Mae. En Mae y sus amigos. Saber que también había espacio para este tipo de historias es algo que me reconforta.

O la anteriormente mencionada saga Yakuza, para la cual solo tengo palabras bonitas. En ella encontré los títulos perfectos para mi. Unos capaces de devolverme la sonrisa siempre.

Quiero dejar algo claro antes de rematar: si comienzas a notar síntomas de depresión, por favor te lo pido, busca ayuda profesional. Los videojuegos te ayudan a dejar de caer, te dan un lugar donde apoyarte, pero quien tiene que escalar para salir eres tu. Es un proceso lento y complicado, pero es posible. Y quienes pueden indicarte como salir son profesionales.

 

Podemos salir adelante

Al final este artículo no se ha parecido tanto a lo que tenía en mente cuando lo empecé. Pensé que con la información de primera mano sería más sencillo. Me equivocaba. Nunca es fácil ni hablar de estos temas ni tratar de explicarlos. Si os soy sincero, tengo miedo de que no haya sido suficiente para expresar lo que quería expresar. O haberme equivocado en un dato. O no haber estado a la altura del tema…

A lo que quería llegar es a que el videojuego puede ayudarte a salir adelante. Quizá no te quita todos los problemas que tengas en la cabeza, pero si que logra que no pienses en ellos durante un tiempo. Y en esa ayuda, en ese soporte es donde está su valor.

¿Qué haría ahora mismo Solid Snake? Sinceramente, no lo se. Pero si que se lo que no haría. Snake no se dejaría caer. Ni Siegmayer. Ni Mae tampoco.

Y yo lo único que puedo hacer ahora es dar las gracias. A los videojuegos. Por haberme traído hasta aquí.

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Archienemigo del Ghost n’ Goblins. Una vez le hice un parry a un Metal Gear. Si no estoy jugando o atragantándome a pelis es porque he muerto. Y tengo una perrita cuquísima.

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