De niños jugábamos con las historias. Salíamos a la calle imitando a un superhéroe y nos poníamos unos colmillos postizos en Halloween para intentar ser un vampiro. Queríamos ser creador y jugador, pero nuestra inocencia no nos dejaba ver que si nos colgábamos de las paredes podemos partirnos una pierna y que por morder a alguien nos pueden llevar a la cárcel. Quizá por eso muchos encontramos nuestro refugio en los videojuegos. Y con los años descubrimos que en aquellos mundos de fantasía podíamos jugar a crear. Porque la narrativa del videojuego es un excelente caldo de cultivo para la narrativa emergente. Y hay un niño sin la mente encerrada que no tiene miedo de unir todo esto al humor. Uno que quizá no se vestía de superhéroe, pero sí que nos ha hecho pensar en si es Espiderman o Spider-Man: Borja Pavón.

En su mente, los vampiros de Skyrim son el resultado de ortodoncias que no salieron muy bien. En Just Cause los civiles se suicidan para protestar contra la opresión cromática. Los bugs que implican el hacinamiento esférico y descontrolado de personas se solucionan con un “¡Que alguien llame a alguien!”. Esa es la esencia de la narrativa emergente. Son historias que pueden traspasar la pantalla y enriquecer o ampliar la experiencia del respetable. Ya sea con nuevas, entretejidas y profundas tramas o con otro tipo de detalles. Que a lo mejor “es lo mismo, pero no es igual”.

Jugando a reír

Ese palabro de “narrativa emergente” hace referencia a la posibilidad que ofrece el videojuego de construir nuevas historias a partir de su mundo aunque no estén relacionadas con la trama propia de la obra. Por poner un ejemplo, que nos montemos la película de que en el Antiguo Egipto hay un señor que se dedica a estafar a la gente con carne en descomposición. Y con mucho color, que a más color más vitaminas.

Las parodias del fan de James Bond son una buena prueba del potencial de la narrativa emergente de los videojuegos. Sería difícil de imaginar, por ejemplo, un Assassin’s Creed donde un civil explique cómo un pato le hizo un esguince. Para Borja Pavón no lo es (por suerte o por desgracia). Sus ocurrencias, además, le han valido para granjearse una más que merecida fama. A otros tantos les ha asegurado más de una tarde de carcajadas. Y, además, ha dejado un par de expresiones para el recuerdo.

“A veces me rasco sin saber dónde me pica”

Pese a que los tops del canal de YouTube de Eurogamer fueron la excusa para lanzar sus doblajes al mundo, su afición “viene de lejos”, según explica. “Muchas tardes, cuando volvía de la escuela, mi hermana y yo nos dedicábamos a quitar el volumen a la tele y a ponernos a doblar sobre la marcha programas y series”. De hecho, algunas de las escenas que ya hemos visto en su canal o su Twitter nacieron del mismo modo. En ocasiones, dice, puede ver una escena y el diálogo se le viene inmediatamente a la cabeza. Otras veces puede pasar horas fijándose en gestos de los personajes y buscando el diálogo perfecto para la situación. “Es un proceso largo, inestable e inevitablemente frustrante porque soy demasiado perfeccionista”. Genio y figura.

Tal y como explica en #AMABorjaPavón, programa de Esports Vodafone (y disponible más abajo), pule cada gag hasta el extremo y edita cualquier elemento que pueda alterar la esencia de lo que quiere transmitir. Con un proceso casi artesanal al que destina horas y horas, busca fusionarlo todo para dar lugar a una escena nueva con significado pleno. Reconstruye las situaciones que encuentra para hacer una nueva escena con valor en sí misma y sin relación directa con el juego. Emergente en estado puro.

Más que humor

Borja Pavón ha conseguido unir fragmentos de diversos juegos y los ha ensamblado a una narrativa propia cuyo punto de unión es el humor. Así, sabiendo de él, cobra más sentido el ver a dos ciudadanos debatiendo sobre el alicatado en el Antiguo Egipto en el mismo juego en el que Julio César es un líder que se implica en las movidas. Y consigue matar a carcajadas. Borja, digo, no César. Ese mataba de otras formas.

Con todo, sus doblajes pueden parecer inocentes para muchos, pero ocultan una buena dosis de conciencia detrás. “Tengo en mente usar mi capacidad para llegar a los demás para algo: para transmitir mensajes positivos, darle virtud a la inocencia e intentar dar un punto de vista distinto a todo lo que nos rodea desde el humor”. No hay travesía más lícita y bonita que la de buscar hacer reír. Y sí, además de tener un pelazo y un gato asesino, es buena gente.

“El humor es como el buen amor; liberador”

Su visión está llena, además de bondad, de profundidad. “Me gustaría lograr que la gente reflexionara sobre su lugar en el mundo y sobre su realidad gracias a un simple gag, porque el humor es una potente herramienta de comunicación. El humor es como el buen amor; liberador”. De rara avis. Aunque parecía inviable unir todos estos matices, él lo logra en cada doblaje de 15 segundos. A lo mejor porque le viene de familia. “Mis doblajes son cien por cien yo, en parte porque en mi familia siempre ha habido un fuerte sentido del humor”, explica.

En una industria donde imperan los discursos del odio, se agradece. Y teniendo en cuenta que es la misma que entiende como “humor” meterse siempre con el mismo sexo, mejor. “Siempre me ha gustado ser conciliador, querer y escuchar a los demás. Y si hay algo que este mundo rebosa por cada poro es odio y animadversión, como si a todos nos cubriera cierta pátina de irascibilidad e irritabilidad que esta sociedad se encarga de mantener mediante objetivos mundanos”. Más allá de construir nuevas historias para los videojuegos con sus vídeos o de asegurar sketches desternillantes, lo define su mensaje. Uno que hace falta.

Licencia para reír

Según explicó en #AMABorjaPavón (y según tendencias sociológicas y filosóficas que sería un peñazo pararse a explicar ahora),”todos sabemos que hay algo que está profundamente mal en la sociedad”. Se aventuró a incidir en el pantano y dilucidó que “vivimos en una sociedad individualista con modelos de éxito inalcanzables y que lo que hacen es crear frustración intensa”. Los doblajes son su arma en esa cruzada particular en la que tiene licencia para reír.

Esta visión tan genuina se ha ido construyendo en una trayectoria bastante difusa. En el mentado programa, Borja explica que “se necesita cierto tiempo para saber qué quieres hacer en la vida”. Tras dar varias vueltas en una carrera en la que no creía, acabó encontrando su forma de “realizarse profesional y personalmente”. Aquel “oh, dios mío” encierra más historia que cualquier otra muletilla.

“¡Que alguien llame a alguien!”

Pese a esto y a su increíble habilidad para hacer reír, ese don tiene un vacío. “En realidad soy una persona mucho más sarcástica y dura con mi propia realidad. Soy solitario y me gusta aislarme, y la mayor parte del tiempo mi capacidad para hacer reír no es una capacidad para animarme a mí mismo”. Según desarrolló en el programa, su personalidad es más apagada y es su positivismo más puro lo que expone en sus doblajes.

Borja Pavón y su narrativa emergenteQuizá esa es la base sobre la que gira todo su perfil, tan alejado de los cánones del medio. Su objetivo, dice, es que la gente se ría y divertirse haciéndolo. Desarticular la toxicidad de la sociedad quizá es una utopía en la que todos nos gusta creer, pero al menos eso lo está logrando con creces. Ojalá se aleje del bucle del casimuertismo existencialista de Espiderman (o Spider-Man) durante mucho tiempo.

“Si puedo llegar a ser un ejemplo para un solo niño quiero enseñarle respeto y conciliación”

Sus trabajos son la prueba de que aunque el medio de los videojuegos haya crecido mucho, aún tiene un excelso margen de mejora. Y que de sus particularidades pueden surgir cosas maravillosas. No se trata de que muestre qué camino puede seguir la narrativa emergente o de cómo puede influir eso en cada obra; se trata de que usa todo eso para intentar llegar a algo mejor. Su travesía y buen hacer guardan una obsesión: defender la inocencia a toda costa. Aquella que nos hacía creernos superhéroes. Y una que quizá nos reconcilie y nos haga pensar que algo mejor es posible.

“Yo no quiero contribuir a esa cultura del odio de los adultos, porque creo que los mayores perjudicados ante ella son los niños. Y hay niños que ven mis vídeos y pueden tomarme como ejemplo: me tomo eso muy, pero que muy en serio. Si puedo llegar a ser un ejemplo para un solo niño quiero mostrarle respeto y conciliación, e intentar hacerle ver que se puede crecer sin perder la inocencia y la capacidad de sorprenderse”. Todo nace, curioso, en un síndrome de Peter Pan extremadamente positivo. “La clave de que mi humor sea así es que nunca he dejado de ser un niño”.

“Von, Pa-vón”

Pese a todo lo que ha logrado y los nuevos proyectos que tiene entre manos (y que no le hemos podido sacar aunque tengamos ubisoftpechas), no termina de asumirlo. Y, quizá como haría un buen niño, lo toma con humildad. “Siento que no he hecho suficiente como para merecer tanto halago y que debo exigirme mucho más cada vez”. Con esa filosofía, el “oh, dios mío” se está ganando cada vez más adeptos. Es un síntoma de que lo está haciendo bien.

Pero, al final, ser una celebridad de tanto calado acaba teniendo su carga. Una que le pesa, pero que también le motiva para seguir haciendo reír sin perder de vista sus ideales. La bondad de aquel niño sigue presente en un hombre que quizá peina alguna cana más (y un pelazo). “Lo más importante para mí es que me siento realizado personalmente, y al mismo tiempo siento una enorme responsabilidad”. ¡Igual que Espiderman!

O Spider-Man.

Porque, como en el sketch, Borja aprovecha su narrativa para buscar algo mejor por lo que reír. Quizá él no tenga una malla de superhéroe ni se cuelgue por las paredes, pero sí tiene detalles. Y claro, son detalles, pero son detalles importantes.

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Redactor

Mi vida la definen un gran acierto y un gran error: engancharme a los videojuegos y meterme en Periodismo. Intento que lo segundo sea más llevadero gracias a lo primero. También estoy en GuiltyBit (y donde me dejen).

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