Si has llegado a este artículo debes saber que estás abordando la segunda parte de un texto. Por lo tanto, si no lo has hecho, te recomiendo que leas antes la primera parte. Sin más preámbulos, sigamos desgranando la función del videojuego como espejo de la mente humana.

“Perdiendo la cabeza”

La “realidad” de The Evil Within es una amalgama de mentes unidas. Una suerte de ecosistema dominado por el rey de la cadena alimenticia, en este caso, Ruvik. Está jerarquía se traduce en que él es el principal moldeador del mundo, y quien establece las normas. El resto de los sujetos tienen casi un papel de espectadores.

El juego nos deja esto bien claro si atendemos a detalles, y a veces de manera más explícita. Acercándonos a la mitad de la aventura tendremos una conversación con el doctor Jiménez, en la que Sebastián le dice que todos están en la mente de Ruvik y el doctor le contesta lo siguiente: “No exactamente, todos contribuimos en cierta medida, pero solo él influye conscientemente”. Sin embargo, la dominancia de Ruvik no está blindada ni es inmutable. Hacia el final de la aventura, cuando se siente verdaderamente amenazado, se dirige directamente a Sebastián para decirle lo siguiente: “Yo creé este mundo, no puedes dejarme aquí”.The Evil Within

Esta frase hace evidente que, en cierta medida, la situación ha escapado al control de Ruvik, y la realidad que exploramos se impregna de las mentes de todos los implicados. Ruvik empieza a sentir cierta impotencia, sabe que cada resquicio de su mente ha quedado descubierto y lucha por recuperar el control absoluto. “Perdiendo la cabeza, perdiendo la cabeza”, ya lo dice Leslie en forma de letanía en diversos puntos de la aventura. Como curiosidad, en la versión original la frase es “Losing our minds”, lo que podría hacer referencia a la conexión especial entre Ruvik y Leslie. A que han llegado a un nivel de conexión mental que casi los convierte en las dos caras de la misma moneda.

Este control, a mi parecer, se representa con el faro de hospital psiquiátrico Beacon. La primera vez que nos enfrentamos a los enemigos comunes del juego vemos como la luz del faro transforma a una “persona normal” en una de las criaturas que nos atacan. La luz del faro es la influencia de Ruvik, y a medida que avanzamos, va perdiendo brillo.

Un entorno cimentado sobre la locura

Desde el inicio de la aventura el mundo en el que nos movemos es un reflejo de una mente que se desmorona. La propia ciudad se resquebraja por la mitad y casi intenta engullirnos. La primera reacción al ver esto, antes de conocer la verdadera naturaleza del argumento, es creer que se trata de una catástrofe natural. La lógica nos diría que un cataclismo de proporciones épicas sacude la ciudad de Krimson. Sin embargo, no tardaremos en darnos cuenta de que la lógica brilla por su ausencia en el mundo de Ruvik.The Evil Within

Por otro lado, las repetidas visitas a sanatorios, hospitales y entornos similares muestran otro de los demonios de Ruvik. Son una manera de expresar el sufrimiento que ha pasado en entornos de esta clase. Nos hace recorrer sus purgatorios personales, que aún siguen presentes en su mente. También cabe destacar la marcada presencia de elevadores a lo largo de la aventura. Cada vez que hacemos uso de uno de ellos profundizamos en la locura de Ruvik de forma drástica. De hecho, suelen aparecer tras sucesos importantes, como nuestra inmersión en el STEM o tras el enfrentamiento con Laura.

Finalmente, en el último estadio de la aventura, el entorno hace evidente que Ruvik ha perdido la conexión con la lógica. Nos sitúa en unos escenarios grotescos e inverosímiles, llenos de ojos que nos vigilan y ubicados en mitad de ninguna parte.

Profundizando en los personajes, explorando los demonios internos

Sin embargo, el grueso de esta realidad sigue siendo obra de Ruvik y el controla prácticamente todo. No obstante, esta fusión de mentes abre la puerta de par en par a la gran idea que, para mí, reside en el fondo de The Evil Within; la exploración de la psique humana. El juego describe y descubre a los personajes con una ingeniosa fórmula, casi sin que nos demos cuenta de que lo está haciendo. Así consigue que prácticamente todos y cada uno de los personajes dejen huella. Al mezclar todas las mentes, la obra de Mikami nos deja explorar los demonios internos de cada personaje.The Evil Within

Cada personaje representa un sentimiento distinto, normalmente asociado a un recuerdo, a un pasado problemático. Desde el propio Ruvik hasta el Guardián (el enemigo de la caja fuerte en la cabeza), casi todos los personajes representan una idea. Sin duda, la construcción y profundización de los personajes es uno de los grandes aciertos en la receta de Mikami. Tanto protagonistas, como antagonistas y personajes secundarios tienen un gran carisma, y un fondo que nos interesa conocer.

Sebastián y Ruvik, cortados por el mismo patrón

El principal protagonista de esta historia, Sebastián, y su contraparte, Ruvik, comparten mucho más de lo que pueda parecer. Ambos van descubriéndose con el transcurso de la aventura, y ambos comparten un pasado trágico. Este pasado los ha llevado a los dos a cambiar completamente, sin embargo, cada uno lo ha afrontado de manera diferente.

La pérdida de un ser querido une a Ruvik y a Sebastián, en este sentido son un reflejo. De hecho, en una ocasión, Ruvik le dice a nuestro protagonista que sabe lo que él anhela. Nos hace ver que nos comprende. Sin embargo, Sebastián afrontó la pérdida de su hija de manera muy distinta. Aceptó que la había perdido, se rindió y se entregó al alcohol. Pero Ruvik no, Ruvik buscó la forma de recuperar esa pérdida. Para ello buscó la forma de hacer real el mundo que aún existía en su mente. Un mundo donde su hermana seguía viva.The Evil Within

Esta dualidad enfrentada representa el dolor que acarrea la pérdida de un ser querido para un humano. El juego se apoya en estas bases argumentales para explorar estos sentimientos y transmitirlos al jugador. También pueden entenderse como un reflejo de las famosas etapas del duelo. Mientras que Sebastián se encuentra deambulando entre la depresión y la aceptación, fases finales del duelo, Ruvik sigue enfrascado en la negación, la primera de estas etapas.

El Guardián y la obcecación

El icónico enemigo de caja fuerte por cabeza y martillo en mano, bautizado como El Guardián, es otra representación de los impulsos más profundos de la mente humana. Si bien es cierto que no conoceremos los entresijos de esta historia hasta que no jugamos al DLC “The Executioner”, también forman parte del lore general y encajan en todo lo expuesto anteriormente.The Evil Within

Jugando su breve campaña, comprendemos que El Guardián se mueve por unas motivaciones muy nobles y razonables, además de inamovibles. Se trata de un padre que lucha por recuperar y salvar a su hija. Por tanto, es capaz de realizar cualquier acto o sacrificio, por cruel que pueda ser. El hecho de que resurja cada vez que lo derribamos, no es más que una representación de la negación a rendirse de un padre desesperado. Por otro lado, la forma cuadriculada de la caja hermética refleja un punto de vista inmutable e inamovible. A fin de cuentas lucha por lo mismo que Sebastián.

El Doctor Jiménez y Leslie

Estos dos personajes representan los extremos más opuestos de la psique humana. Por un lado, Jiménez es la encarnación de las ideas maquiavélicas más puras. “El fin justifica los medios”. A través de las numerosas visiones y documentos que encontramos a lo largo de la aventura entendemos que fue capaz de cometer todo tipo de atrocidades y engaños con tal de culminar su investigación. Entre estos actos se encuentran traicionar a Ruvik después de impulsarlo a la crueldad, y destrozar al inocente Leslie en sus experimentos.

The Evil Within

Leslie, por el contrario, representa la pureza y la inocencia. En todo momento podemos ver que solo trata de salir de la pesadilla en la que se ha visto sumido. Quiere escapar del dolor que le causan tanto Ruvik como Jiménez. Ambos le utilizan para sus propias motivaciones, desgarrándo su mente por completo. Sin embargo, Leslie, a su extraña manera, consigue mantener su retazo de cordura. Llega a ser casi un hilo conductor para ayudarnos a comprender los detalles más concretos de la trama. En algunos ataques de “lúcida demencia” parece mostrar incluso compasión y pena por el destino de Ruvik. No obstante, el inocente Leslie esconde una dualidad dentro de sí mismo. En él se condensan la locura y también la razón más lúcida, dado que sabe antes que nadie lo que pasa, aunque no sea capaz de transmitirlo.

En conclusión, The Evil Within nos lleva a conocer el funcionamiento de la mente humana. El efecto de los traumas y los momentos dramáticos de la vida. Todo esto, claro está, cargado de ficción, y estructurado para adaptarse al modelo de un videojuego. Con esta premisa, Shinji Mikami nos dejó lo que para mí es una obra maestra del videojuego. No me queda más que recomendar esta experiencia a cualquier jugador que aprecie los títulos profundos y bien realizados.

 

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Made in 1992 y pegado al mando de una consola desde del 97. Aspirante a alcalde de Raccoon City, a cazador de Yharnam y a periodista de videojuegos. Si me quieres encontrar busca la consola más cercana.

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